Mariana era una niña valiente que vivía en un pequeño pueblo junto al mar. Cada tarde, después de la escuela, corría hacia la playa con su corazón lleno de emoción, porque soñaba con conocer a una sirena. Sus amigos decían que las sirenas no existían, pero Mariana estaba segura de que algún día encontraría una. Llevaba siempre un pequeño diario donde dibujaba criaturas marinas y escribía historias sobre sus aventuras bajo el agua.
Un día, mientras exploraba una caleta rocosa, escuchó un suave canto que venía de las olas. Siguió la melodía y, entre las algas, encontró a una pequeña sirena llamada Lúa, que tenía una cola de color turquesa y ojos brillantes como estrellas. Lúa le explicó que su amuleto mágico, un collar de perlas, se había perdido en el fondo del océano, y sin él, no podía volver a casa. Mariana, sin pensarlo dos veces, se ofreció a ayudarla.
Juntas, nadaron entre corales y peces de colores, buscando el amuleto perdido. Mariana usó su ingenio para resolver acertijos que les ponían los cangrejos y las tortugas, y finalmente encontraron el collar en un pequeño arrecife. Lúa, feliz, le dio las gracias con un abrazo y le regaló una concha que brillaba en la oscuridad. "Cuando la sostengas, escucharás el sonido del mar y sabrás que siempre seremos amigas", le dijo.
Desde ese día, Mariana siguió visitando la playa, y aunque no siempre veía a Lúa, sabía que su amistad era real. Por las noches, escuchaba la concha mágica y sonreía, recordando su increíble aventura bajo el mar. Y así, con el corazón lleno de alegría, seguía soñando con nuevas historias de sirenas y amistades que durarían para siempre.
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