**Elizabeth y el Secreto del Dragón de Caramelo**
Elizabeth era una niña valiente y soñadora que vivía en un pequeño pueblo rodeado de colores brillantes y casas con techos de chocolate. Su mejor amiga era Leydi, un suave peluche de gato que siempre la acompañaba en sus aventuras. Juntas, pasaban tardes enteras inventando historias y explorando el mundo mágico que Elizabeth imaginaba, lleno de dragones, pociones brillantes y montañas de helado.
Un día, mientras jugaban en su habitación, Elizabeth encontró un viejo libro de recetas de pociones escondido bajo su cama. Al abrirlo, descubrió una página especial que hablaba del "Dragón de Caramelo", una criatura mítica que vivía en el Mundo de Juguetes y guardaba el secreto de la felicidad eterna. Sin pensarlo dos veces, Elizabeth y Leydi decidieron emprender un viaje para encontrarlo. Con una mochila llena de dulces y una varita mágica hecha de regaliz, partieron hacia el bosque de gominola cercano.
En el camino, conocieron a un artista callejero llamado Tizón, que pintaba murales con pinturas comestibles. Él les contó que el Dragón de Caramelo solo aparecía ante quienes tenían un corazón puro y mucha imaginación. "Pero tened cuidado", advirtió Tizón, "el camino está lleno de acertijos que debéis resolver juntas". Elizabeth, animada por el desafío, siguió adelante con Leydi a su lado.
Pronto llegaron a un río de chocolate fundido, custodiado por un gato parlante llamado Mermelada, que les pidió resolver un enigma: "Soy dulce y esponjosa, vuelo sin alas y hago reír a los niños. ¿Qué soy?" Elizabeth, después de pensar un momento, respondió con una sonrisa: "¡Una nube de algodón de azúcar!". Mermelada, satisfecho, les permitió cruzar el río en un barco hecho de galletas.
Al otro lado, encontraron una puerta mágica decorada con caramelos arcoíris. Para abrirla, tenían que preparar una poción especial con los ingredientes correctos: una lágrima de felicidad, un suspiro de alegría y un abrazo de Leydi. Elizabeth mezcló todo en su caldero de juguete, y al terminar, la puerta se iluminó con destellos dorados. Al entrar, vieron al majestuoso Dragón de Caramelo, cuyas escamas brillaban como gemas de colores.
El dragón, con una voz suave como el caramelo derretido, les explicó que el verdadero secreto de la felicidad era compartir momentos especiales con los seres queridos. "Tú ya lo sabes, Elizabeth", dijo el dragón, "porque siempre llevas a Leydi contigo". La niña comprendió entonces que la magia estaba en su amistad y en las pequeñas cosas que hacían juntas.
Antes de despedirse, el Dragón de Caramelo les regaló un frasco de polvo de estrellas dulces, que podían usar para hacer realidad sus sueños más divertidos. Elizabeth y Leydi volvieron a casa felices, prometiendo seguir explorando y creando aventuras juntas. Y así, cada noche, antes de dormir, Elizabeth susurraba a Leydi: "Mañana será otro día lleno de magia".
Comentarios (1)
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Es asombroso el alcance que tiene la tecnologia. Crear en tan solo un suspiro de tiempo estos cuentos maravillosos.
24/07/2025