Dante era un niño con una imaginación enorme, tan grande como un cielo estrellado. Le encantaban los magos, los superhéroes y, especialmente, los dinosaurios. Pasaba horas construyendo castillos de arena con figuras de T-Rex y Triceratops, inventando historias de aventuras donde él era el valiente héroe que rescataba a las princesas y combatía a los monstruos. Su casa, ubicada en una tranquila calle de Villa Esperanza, era su refugio mágico, donde Su Papá Paul, su hermana Pau y su Mamá Rosy siempre lo escuchaban con atención y le animaban a crear mundos increíbles.
Un día, mientras exploraba el jardín de su casa, Dante encontró una pequeña caja de madera enterrada bajo un rosal. La caja estaba cerrada con un candado de latón, pero al abrirlo, descubrió un mapa antiguo dibujado en pergamino amarillento. El mapa mostraba un camino secreto que conducía a la Montaña Esmeralda, donde, según decían las leyendas, vivía un mago extraordinario llamado Zarthus, un mago que podía conceder los deseos más profundos. Dante sintió una emoción enorme y una pizca de miedo, pero su valentía superó su recelo.
Sin decirle nada a Su Papá Paul, Su Hermana Pau o Mamá Rosy, Dante se puso su capa de superhéroe improvisada (una vieja bufanda azul) y un sombrero de explorador (una tapa de yogur). Con una mochila llena de galletas y una linterna, comenzó su aventura. El camino a la Montaña Esmeralda era largo y lleno de desafíos. Tuvo que cruzar un río bullicioso, esquivar zarzas espinosas y escalar rocas resbaladizas. Pau, que lo observaba desde la ventana, le enviaba mensajes de ánimo a través de dibujos en la pared, y Mamá Rosy le preparaba una taza de chocolate caliente para mantenerlo con las fuerzas.
Durante su viaje, Dante se encontró con un pequeño dinosaurio perezoso llamado Tito. Tito era un diplodocus con un problema: no podía alcanzar una flor azul brillante que crecía en la cima de una colina muy alta. Dante, usando su agilidad de superhéroe y la ayuda de Tito para levantar la flor, ayudó a Tito a obtener la flor que tanto deseaba. Esta pequeña acción de bondad le hizo sentir muy feliz y le dio la confianza de seguir adelante en su búsqueda.
Finalmente, después de varios días de viaje, Dante llegó a la base de la Montaña Esmeralda. Encontró una entrada escondida detrás de una cascada. Al entrar, Dante se encontró en una cueva iluminada por cristales brillantes. Allí, sentado en un trono de hojas, estaba Zarthus, el mago. Zarthus sonrió al ver a Dante y le dijo: "He estado esperando tu llegada, valiente joven. La aventura que has emprendido demuestra tu corazón noble y tu espíritu determinado."
Zarthus no concedió a Dante un deseo mágico, sino que le regaló una pequeña semilla de la flor azul que Tito había obtenido. Le explicó que la semilla contenía el poder de la amistad y la bondad, y le dijo que plantando la semilla, Dante podía compartir la magia con todos los que lo rodeaban. Dante, sintiéndose muy impresionado, prometió usar la semilla para hacer del mundo un lugar mejor, un acto de bondad a la vez.
De vuelta en Villa Esperanza, Dante plantó la semilla en el jardín de su casa. Con el tiempo, la semilla floreció, dando lugar a una flor azul brillante. La flor atrajo a todos los vecinos de Villa Esperanza, que quedaron encantados por su belleza y su fragancia. Dante, Su Papá Paul, Su Hermana Pau y Mamá Rosy, se unieron para cuidar de la flor, demostrando que la amistad y la bondad florecen cuando se comparten. Dante aprendió que la verdadera magia no reside en los deseos concedidos, sino en las acciones que realizamos y el impacto que tenemos en los demás, y que los superhéroes pueden ser cualquier persona con un corazón valiente. Su aventura le enseñó que la verdadera magia está en la amistad, la bondad y la valentía de hacer del mundo un lugar mejor, cada día.
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