Carlos era un niño con una imaginación más grande que el cielo. Siempre estaba listo para una aventura, aunque a veces eso significara saltar sobre los cojines o construir castillos de almohadas con su perro, Trueno, un caniche blanco con un corazón de oro. Carlos soñaba con ser un superhéroe, un mago o incluso un piloto de coches rápidos, pero su mayor deseo era encontrar un dragón. No un dragón malvado que hiciera fuego, sino un dragón amable que le contara historias maravillosas.
Un día, mientras exploraba el viejo bosque detrás de su casa, Carlos encontró un mapa. No era un mapa cualquiera, ¡este estaba hecho con plumas de pavo real y tinta de las flores! El mapa mostraba una ruta serpenteante hacia el "Valle Escondido", un lugar que se decía que era el hogar de todos los dragones del mundo. Con el mapa en mano y Trueno ladrando emocionado a su lado, Carlos se embarcó en su aventura. El camino estaba lleno de obstáculos: saltando sobre raíces gruesas, cruzando arroyos burbujeantes y sorteando setos espinosos. Pero Carlos no se rindió.
En el Valle Escondido, Carlos descubrió un claro brillante. Allí, acurrucado bajo un gran roble, estaba un dragón. No era aterrador ni feroz, sino un dragón pequeño y verde, con escamas brillantes y ojos amables como la miel. El dragón se llamaba Chispa y, al principio, estaba asustado de Carlos. Pero Carlos, con su sonrisa amplia y su voz suave, le habló con calma. Le contó sobre su deseo de encontrar a un dragón y de la importancia de la amistad.
Chispa, al escuchar la historia de Carlos, se sintió conmovido. Nunca antes había conocido a un niño que no lo hubiera temido. "Nunca te asustes por mí, Carlos," dijo Chispa con una voz que sonaba como el suave tintineo de campanillas. "Soy un dragón amable y me encanta compartir historias". Carlos se sentó junto al dragón y escuchó a Chispa contar sobre los cielos lejanos, las estrellas brillantes y los secretos del viento. Chispa le mostró lugares mágicos que solo existían en la imaginación, lugares donde los ríos cantaban y las montañas bailaban.
Durante días, Carlos y Chispa se convirtieron en amigos inseparables. Carlos le traía a Chispa flores del jardín y Trueno jugaba a perseguir las nubes con el dragón. Aprendieron una gran cantidad de cosas juntos, Carlos descubriendo la magia de la naturaleza y Chispa aprendiendo a disfrutar de la amistad de un niño. Pero el tiempo en el Valle Escondido, aunque maravilloso, comenzaba a pasar. Carlos sabía que tenía que regresar a casa.
Antes de partir, Carlos abrazó a Chispa con fuerza. "Te echaré de menos", dijo Carlos. "Pero prometo que nunca olvidaré nuestras aventuras". Chispa respondió: "Y yo a ti, Carlos. Siempre serás mi amigo". Carlos prometió visitar a Chispa tan pronto como pudiera, y con el corazón lleno de alegría, regresó a casa con Trueno.
Carlos nunca olvidó su aventura en el Valle Escondido ni a su amigo dragón Chispa. Y a partir de ese día, Carlos siguió soñando con grandes aventuras, pero siempre recordaba que la amistad y la valentía son los verdaderos superpoderes. Además, sabía que incluso los dragones más asustadores pueden tener un corazón amable, y que lo importante es siempre ser valiente para acercarse y ofrecer una mano amiga. Y Trueno, su perro, siempre estuviera allí para darle un lametón de aliento, recordándole que incluso los sueños más grandes se hacen realidad con un poco de imaginación y un montón de amistad.
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